Creo que no tengo ningún amigo que no tenga sobrenombre, pero, que fuerza nos lleva a etiquetar con adjetivos calificativos a nuestros amigos?
Traigo a colación este ejemplo porque creo tiene el mismo proceso interno a aquello que nos lleva a jugar moralmente a todo cuanto observamos y para colmo queremos imponer nuestro JUICIO como superior al resto. Nos pasa a todos, y más creo les pasa a las personas que practican alguna religión.
Será que el vernos respaldados por algún símbolo religioso hace despertar en nosotros el juez que creemos que el mundo necesita?
A pesar de que la mayoría de las religiones dicen “no juzgar ” es lo primero que hacemos al conocer a una persona, no en vano damos mucha importancia a lo de la “primera impresión “.
Creo que el ejercicio consiste en dejar de comparar la realidad con nuestra “realidad idealizada” y dar al César lo que es del César y al de arriba lo que le es propio, no?

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